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miércoles, 2 de julio de 2014

TRANSFOBIA EL DIA DEL ORGULLO LGTB


Lamentablemente, tenemos que lamentar otra agresión lgtbfoba en España. Esta vez ha sido en Valencia y la víctima es una mujer transexual que el pasado sábado, día del Orgullo, a las 4:30 de la madrugada, sufrió una agresión en el centro de la ciudad.

Según cuenta la agredida, todo ocurrió cuando se "acababa de despedir de unas amigas con las que había pasado la noche cuando a mi lado pararon dos jóvenes de unos 25 años subidos en un coche y tras decirme varias estupideces me preguntaron si yo era un hombre. Llega un momento que explotas, harta de tantos insultos, así que me acerqué a la ventanilla del conductor para encararme a él. Fue en ese momento cuando el chico que me había increpado me cogió del brazo y aceleró el vehículo, llevándome a rastras durante casi 20 metros”.

La víctima ha relatado que está viva de milagro, pues podría haber caído bajo las ruedas del coche o romperse el cuello en la caída. Por suerte, pudo ver la matrícula del coche y denunciar lo ocurrido.

En todo caso, la agredida denuncia igualmente unnefasto trato tanto por la policía como por parte de los servicios médicos. "Me trataron como un bicho raro, con miradas entre extrañeza y burla por el hecho de estar delante de una mujer transexual. Me hizo sentir muy mal".

El resultado de esta agresión ha sido de un corte de 4 centímetros en un codo y quemaduras en hombros y brazos por el roce del asfalto.

viernes, 25 de abril de 2014

EMOTIVA CARTA DE UNA MADRE A SU HIJO TRANSEXUAL FALLECIDO

AMAIA-AIMAR, VIVIRAS EN MI PARA SIEMPRE
IKUSTEZINA IKUSTEN IKASTEN, 2008-02-02 # AMAIA-AIMARREN AMA

Me han pedido que cuente brevemente el entorno en el que ha vivido Amaia-Aimar, mi hija, (o) mi hijo transexual, que se suicidó en el mes de abril de 2007.

Su gestación y nacimiento no fueron casuales, sino de verdad deseadas y queridas. En una familia en la que había ya dos chicos, fue una niña my bien recibida y celebrada. Creció alegre y feliz, tal y como escribe en sus diarios, hasta que le bajó la regla y ahí comenzaron sus problemas de identidad de género.

Yo ya sabía que mi niña era muy masculina en cuanto a gustos, pero era una peculiaridad que llevábamos bien. Le gustaba mucho el deporte, jugar a fútbol, judo, correr, escalar, deportes de riesgo… Nunca soñé que fuera mi princesita, pero esperaba que con el tiempo su aspecto ya cambiaría a un poco más femenino. Hasta que a la edad de 19 años me comunicó su condición de transexual. Es decir, era un chico en el cuerpo de una chica.

Hasta ese momento, por ignorancia, la transexualidad me sonaba a travestismo, a frivolidad, a farándula, a morbo… Era una cosa de películas, o muy lejana, no algo que se te va a presentar en tu propia casa.

Cuando me lo dijo, el primer momento fue duro. Me eché a llorar. Lloramos juntas. Se me vino a la cabeza la imagen de mi hija con barba. La mujer barbuda. No la veía como un hombre. Me fui de un salto al final del proceso, del cambio y me asusté.

Me asusté por ello, por todo lo que se le venía encima.

Lo siguiente que pensé fue que no me tenía que importar nada lo que dijera la gente. Ese mismo día se lo dijimos a su padre y sus dos hermanos. Todos lo encajamos con preocupación, pero sin dramatizar. Esto era lo que había. Ahora empezaba el aprendizaje, el estudio y comprensión de lo que le sucedía a nuestra hija.

Año y medio de consultas de psicológos nos pusieron a las puertas del cambio físico, es decir, del tratamiento hormonal y ahí le asaltaron los miedos y las dudas, complicadas con problemas personales que le surgieron en su mudanza a Bilbao, donde estudiaba ingeniería de Minas.

Pero también, y, como contrapunto a esto, tuvo experiencias positivas. Empezó a hacer judo en un gimnasio en el que se presentó como Aimar y donde pidió no compartir vestuario de las chicas, porque no era el suyo, ni el de los chicos, porque su físico aún no se lo permitía. Con toda naturalidad, le ofrecieron un cuartito para él, donde poderse cambiar. Este era un gimnasio normal, para gente muy normal y era uno de esos espacios en los que se aprende que en este mundo hay sitio para todos y que la aceptación de la diversidad nos enriquece a todos. Para mi fue un motivo de alegría lo muy a gusto que se sintió siempre allí. Era su deporte favorito y era gente que le aceptaba.

En esta etapa empieza a exigir en casa que le tratáramos como lo que era y que le llamáramos Aimar. Nos costaba mucho, pues a pesar de su aire andrógino (y aquí os diré que ya desde muy pequeño le encantaba que la tomaran por un chico), por encima de un aspecto a veces equívoco, para nosotros había sido Amaia durante casi veinte años. Entre sus amigas hacia tiempo que le llamaban Moio, haciendo el juego de masculinizar su nombre.

Fue toda esta lucha interior que desembocó en un estado depresivo, lo que hizo que se le fuera la vida de entre las manos. Se nos fue como un ángel, volando. Y nos dejó atónitos, consternados, apenados… No hay palabras para describir el dolor de esa herida que saber que podrá cicatrizar, pero que siempre va a estar ahí.

Doy gracias a la vida por haberla parido, criado y disfrutado y por todo lo que he aprendido con ellla y con él. Siempre reivindicaba su normalidad. Cuántas veces me decía “Ama, ni normala naiz”. Ya lo creo que si, era un ser lleno de dignidad, de sensibilidad y de valores, como bien vimos en sus 21 años de vida.

Nos ha enseñado tanto, nos ha dejado tanto… Le gustaba escribir y lo hacía habitualmente. Escribió desde los 12 años hasta sus últimos minutos. A las doce menos cuarto del mediodía estaba escribiendo en la roca desde la que se tiró a las doce en punto. Escribió para agradecer toda la ayuda que había recibido, y que, a pesar de todo, no le sirvió.

De lo mucho que nos enseñó, me quedo con su mensaje de normalidad. De ella, de él, aprendimos que la transexualidad no tiene nada que ver con el folklore, que solo es una variante más de la naturaleza, que no es una tara, ni un equívoco, ni una desviación. No es un fallo, pero conlleva un proceso interior difícil. La biología hace pruebas constantemente, y de esos intentos surgen los frutos más variados. Lo que si falla a veces, es la aceptación de lo que choca con las normas sociales impuestas desde mentalidades y moralidades estrechas, casi siempre interesadas en el dominio y el control de cualquiera que puede atacar lo establecido como “normal”.

Y qué más puedo decir yo de mi niña-niño. Que le quiero mucho, que estoy muy orgullosa de todo lo que fue y de lo que es aún para nosotros. Que nos ha dejado tanta huella y tantos recuerdos estupendos… Yo siempre le decía que el que siembra recoge. Pero, a veces, estando la cosecha ya a punto, viene un temporal o una granizada, y arrasa con todo. Y, entonces, vuelta a empezar.

Vivirá en mí para siempre, como el mejor regalo que me ha dado la vida, igual que mis otros dos hijos.

Amaia-Aimar gure bihotzean zaude, nere barruan beti-betirako, zure hasieran bezala laztana.
( Amaia-Aimar estas en nuestros corazones, en mi interior para siempre, como en tu comienzo, cariño ) "

lunes, 24 de marzo de 2014

I+D+I IGNORANCIA+DISCRIMINACIÓN+INTOLERANCIA


Primera condena en España por denegar la entrada a un local a dos transexuales

Agencias 24 marzo 2014

Un portero de la discoteca Get Back ha sido condenado a un año de inhabilitación y a indemnizar con 600 euros a los dos transexuales a los que prohibió entrar en el local, situado en una zona de ocio de Barcelona.

Los propietarios son responsables civiles subsidiarios porque seguía sus órdenes.

La discoteca ha enviado al juicio a otro portero que no fue el agresor, reconocen los demandantes.




Un juzgado de Barcelona ha condenado a un año de inhabilitación al controlador de accesos de una discoteca que impidió la entrada a dos transexuales, en la primera sentencia dictada en España que castiga la denegación de un servicio empresarial por motivos de discriminación a ese colectivo. En su sentencia, el Juzgado de lo Penal número 6 de Barcelona condena al controlador de accesos de la discoteca Get Back de la capital catalana a un año de inhabilitación para el ejercicio de su oficio y a indemnizar con 600 euros a cada uno de los dos transexuales discriminados.

El controlador dijo seguir las órdenes de su jefe

La sentencia —la primera condenatoria de este tipo, según ha informado la Fiscalía de delitos de odio y discriminación de Barcelona— establece la responsabilidad civil subsidiaria de los propietarios de la discoteca en el pago de esas indemnizaciones, por entender que el procesado cometió los hechos en el ejercicio de sus funciones y por orden de los responsables del establecimiento.

Este caso de discriminación llegó a juicio a raíz de la denuncia presentada por dos transexuales, un hombre y una mujer, ante los Mossos d'Esquadra el 30 de octubre de 2011, cuando se les denegó el acceso a una discoteca a la que pretendían entrar junto a un grupo de amigos.

Varios vigilantes de la discoteca Get Back les llamaron "travelos" y "maricones"

El condenado, junto a otro portero que también estaba acusado pero ha sido finalmente absuelto, impidieron el paso a los transexuales alegando, en primer lugar, que el aforo estaba completo. Al percatarse de que, pese a ello, los controladores de acceso estaban permitiendo el acceso a otras personas, uno de los denunciantes pidió explicaciones a los porteros. El condenado les contestó entonces que no se les podía dejar entrar porque "su jefe no quería mezclar los ambientes", en una "alusión clara" a su condición de transexuales, según mantiene el juez en su sentencia.

A consecuencia de esos hechos, añade el magistrado, los transexuales sufrieron "crisis de ansiedad, angustia e impotencia", por lo que obliga al controlador de accesos a indemnizarles por esos daños morales. Insultos y empujones.

El juez ha dado credibilidad a los denunciantes y también considera probado que, aparte de los dos encausados, en la denegación del acceso intervino una tercera persona "que actuó de forma agresiva" contra los transexuales, pero que no ha podido ser identificada. Así lo explicó en el juicio uno de los dos denunciantes, que sostiene que un miembro del equipo de seguridad "muy agresivo" le golpeó en el pecho mientras le advertía que no podía entrar, al tiempo que junto a otros vigilantes le dirigieron expresiones vejatorias como "travelos" o "maricones".

En declaraciones a Cáscara amarga, Zam Cifuentes, presidente de la asociación Tranz&people y uno de los demandantes, ha manifestado que lo ocurrido en 2011 "fue una cuestión bastante dura y nos creó cierto estrés y no quisimos ni salir durante meses a discotecas". Respecto al juicio, Zam ha declarado que "me amenazó uno de los porteros que fue el más violento y el que me golpeó, que no estuvo en el juicio, enviaron a otro que no era". "Lo más curioso es que el portero que nos agredió tiene una hija transexual a la que desde la asociación de transexuales de la que soy presidente ayudamos en su proceso", ha añadido.

"Siempre he dicho que ante tanta crueldad, hay que denunciar, lo que no se denuncia no existe", ha manifestado con lágrimas de emoción, añadiendo:"me emociona la resolución, nos hemos sentido muy arropados por todos". Zam ha concluido diciendo que "mañana vamos a ir al juzgado a recoger la sentencia".

Tina, otra de las vejadas y demandantes, ha afirmado que "esto no se puede quedar aquí" para "que todas las personas transexuales que se sienten discriminadas tengan este caso como referencia".

jueves, 20 de marzo de 2014

UNA VEZ MÁS: DISCRIMINACIÓN



El obispo de Málaga se enfrenta a una querella por el caso de la niña transexual

DIJO QUE ERA UN 'CAPRICHO' DE LA MADRE

El obispo de Málaga se enfrenta a una querella por el caso de la niña transexual







"Una niña en el cuerpo de un niño. Gabriela nació en un 'envase' equivocado, pero a un señor que representa a la Iglesia y es obispo, le cuesta entenderlo y califica el hecho como casi de 'monstruosidad' culpando a la madre de querer tener una hija en vez de un hijo, como si fuera un capricho”, dice Oliver Roales, el abogado de la familia de una niña transexual que saltó a los medios tras reclamar en su colegio que fuera tratada como tal, cosa que el centro denegó.


Roales presentó el pasado viernes dos querellas: una contra la directora del colegio San Patricio, como responsable del mismo; y otra contra el obispo de Málaga, Jesús Catalá, en su calidad de presidente de la Fundación Diocesana Santa María de la Victoria, de la que depende el centro, al entender que se ha cometido un delito de denegación de la prestación de servicio público por motivo discriminatorio.


El letrado también ha presentado en el juzgado de Málaga un acto de conciliación a la querella por "injurias graves con publicidad" a la que puede enfrentarse Jesús Catalá si no rectifica “las duras acusaciones que ha hecho”. El letrado añade en declaraciones a El Confidencial: “No es de recibo que el obispo diga públicamente que la familia es la culpable de que su hija se sienta niña y no niño sin conocerla ni siquiera. Jamás ha hablado con la mamá, y está echando la culpa a esta señora de que, como no ha tenido hijas hembras (tuvo tres varones), ella misma ha querido diseñar la sexualidad de su hija transexual. Una locura total”.


'El obispo jamás ha hablado con la mamá, y esta echando la culpa a esta señora de que como no ha tenido hijas hembras, ella misma ha querido diseñar la sexualidad de su hija transexual', dice el abogado de la familia



El conflicto entre la Iglesia y la familia se originó el día que los padres pidieron al colegio San Patricio, centro al que asistía la niña transexual, que fuera respetada su identidad de género, que fuera llamada por el nombre con el que se identificaba, que pudiera vestir de acuerdo a ello y que pudiera elegir el aseo que quería utilizar. El centro se lo denegó. Roales explica que ha habido una "discriminación clara" y que "había que tratarla como una niña, no porque me lo invente yo, los padres o la propia Gabriela, sino porque existen informes de todo tipo que así lo acreditan. No tienen relevancia los genitales que tenga un transexual para que se le trate de una manera u otra".
El abogado insiste en que "no se puede acreditar una fundamentación razonable para seguir tratándola como un niño". Es por lo que los padres pidieron “clemencia a la Junta de Andalucía”. El Gobierno regional de Susana Díaz los escuchó y la Delegación Territorial de Educación tiró por tierra lo que el obispo Catalá argumentaba: “Es un niño que tiene siete años, que lleva cinco años asistiendo como niño al colegio y lo lógico es que siga así". Un inspector se presentó en el centro e instó al San Patricio a cumplir las instrucciones dadas para adecuar el trato al menor transexual. La Delegación les recomendó que en el desarrollo de las actividades el profesorado considerara el sexo con el que el menor se siente identificado, "así como reconocer y aceptar la posibilidad de vestir con uniforme en función de la identidad de género".



Protesta de otros padres


Hace apenas dos semanas, los padres de Gabriela optaron por cambiarla de colegio porque la situación era “insostenible” y la menor asiste ahora a sus clases en otro centro público. Más de un centenar de padres del San Patricio firmaron un documento explicando que no estaban de acuerdo con la decisión que adoptó la Junta de Andalucía. Aducían que a ellos no se les había escuchado antes de decidir que la niña pudiera llevar la falda del uniforme (no pantalones), usar los baños femeninos y aparecer en la documentación interna según su identidad de género. “En ningún momento se ha consultado con el resto de padres de una comunidad educativa compuesta por más de 800 familias, y han aceptado sin más la opción de sus progenitores por feminizar al niño”.

Colegio San Patricio



La Junta, de momento, no ha retirado el concierto educativo con el San Patricio. Pero como medida salomónica, el colegio ha sido apercibido para que retire de sus normas de funcionamiento la obligatoriedad de llevar uniforme. Se le ha advertido de que, si no procede de esta forma, se iniciarán de nuevo los trámites para la retirada del concierto.

Quiso seccionarse el pene

Al margen de todos los conflictos políticos y religiosos que ha generado el asunto, está por encima de todo, según señala el letrado, el sentir de una “personita de siete años”. “Eso de que no saben lo que quieren a esta edad es pura falacia”. Mantiene y comenta que hace unos años Gabriela intentó seccionarse el pene. “Sus padres la han llevado a todos los médicos habidos y por haber. Quiso mutilarse porque no quería ver 'eso' entre medias de sus piernas. A diferencia de lo que dice el obispo, a medida que han ido pasando los años se va radicalizando cada vez más en su postura de que no es un niño, sino una niña”.

Ahora, en su nuevo colegio, lleva falda y está feliz, “aunque no entiende por qué ha tenido que dejar el San Patricio, donde están su hermano y sus amigas”. "¿He hecho algo malo?", se pregunta la niña, según Roales. La familia, que no pide indemnización, quiere que el obispo reconozca que “es incierto que se haya realizado conducta alguna de abuso sobre la niña”. Los padres sostienen que su hija sufría una "discriminación constante". La más dura tal vez, según el abogado, fue que “en el informe de Educación consta que el colegio manifestó que si Gabriela aparecía con uniforme de niña, se la dejaría entrar al centro, pero no en el aula. Se la llevaría a una habitación aparte, se llamaría a su madre y se la sancionaría".


Oliver Roales no quiere dar el nombre del nuevo colegio de Gabriela: “Se entraría de nuevo en el debate de si colegio público o colegio concertado. Uno y otro deben cumplir la legislación vigente. Da igual su estatus. Hicimos una denuncia contra la dirección del San Patricio y la fundación porque hubo una vulneración de los derechos fundamentales de Gabriela. Nada más”.



Gabi ahora sonríe. Ya se le quedaron pequeños los pantalones y ahora por fin en su nuevo centro puede conjugar la tabla de multiplicar con falda plisada sin que nadie la insulte.